En consulta, cuando alguien afirma que evita el huevo “para cuidarse”, la Licda. Johana Aquino, nutricionista invitada en Con Huevos para el mes de marzo, responde con una pregunta clave: ¿cuidarse de qué exactamente? ¿Del colesterol? ¿Del aumento de grasa corporal? ¿De una enfermedad cardiovascular?
Durante años, la yema fue injustamente señalada como la responsable directa del colesterol alto. Sin embargo, hoy sabemos que el colesterol en sangre está mucho más influenciado por el patrón alimentario global —especialmente el exceso de grasas trans, ultraprocesados y azúcares refinados— que por el consumo de un alimento específico como el huevo.
Organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la International Egg Commission y el Instituto Latinoamericano del Huevo han destacado el valor nutricional del huevo como una fuente accesible y de alta calidad proteica, clave en estrategias de seguridad alimentaria en América Latina.
El colesterol: contexto antes que culpa
La evidencia científica actual indica que, en personas sanas, el consumo moderado de huevo no se asocia con un aumento significativo del riesgo cardiovascular. El cuerpo regula su producción interna de colesterol, y cuando ingerimos colesterol a través de los alimentos, el hígado suele compensar reduciendo su propia producción.
Por eso, desde una perspectiva nutricional moderna, cuidarse no significa eliminar alimentos sin fundamento, sino evaluar el contexto completo: calidad de la dieta, nivel de actividad física, antecedentes familiares y estado de salud general.
¿Qué pasa cuando quitamos la yema?
Muchas personas optan por consumir solo la clara, pensando que así “comen más saludable”. Pero ¿qué estamos perdiendo?
La yema concentra la mayor parte de los micronutrientes del huevo:
- Vitaminas liposolubles A, D, E y K
- Vitaminas del complejo B
- Colina (esencial para la salud cerebral)
- Antioxidantes como luteína y zeaxantina
- Minerales clave para el funcionamiento celular
La experta nos comenta que desde la seguridad alimentaria, desechar la yema implica no aprovechar el alimento en su totalidad. Mientras que desde la alimentación consciente, significa no valorar el verdadero aporte nutricional que ofrece un producto natural, completo y accesible.
Ahora ya lo sabes, el huevo no es el enemigo; el enemigo suele ser la desinformación.